La Gabbia

Música Compuesta por Ennio Morricone
Duración: 52'45''' 
 
    Era el año 1985 y Ennio Morricone acababa de componer la música de películas como “Érase una vez en América”, “Ladrones en la noche”, “El marginal” o “La llave secreta”. Al año siguiente se encontraría con “La Misión” y “Adiós Moscú”. Entre ellas se encargó de componer la música para “La jaula” (La gabbia), una película de corte erótico, con apuntes dramáticos y sadomasoquistas, que estaba dirigida por Giuseppe Patroni Griffi.

    El realizador y guionista había colaborado con anterioridad con el compositor romano en títulos como “Divina criatura”, “Adiós, hermano cruel” o “Supongamos que una noche, cenando”. En esta ocasión nos proponía la historia de Marie (Laura Antonelli) que se reencuentra de forma casual con Michael (Tony Musante), un antiguo amante. Debido a la irresistible atracción que siente por él, acaba reteniéndole contra su voluntad en su casa, mientras Hélène (Florinda Bolkan) actual pareja de Michael, comienza a buscarle al no encontrar justificación alguna para su repentina desaparición.

    Con un guión en el que participa Lucio Fulci, la película nos proporciona una historia obsesiva en la que, para dar más complejidad al argumento, nos encontramos a Jacqueline (Blanca Marsillach) la hija de la protagonista, que tiene dieciséis años y también se siente atraída por Michael, que intentará utilizarla para escapar de su cautiverio.

    Ennio Morricone compone una música en la que predomina el carácter melódico, que aparece ya en las primeras notas de Il ritorno, tema de apertura del disco. La música evoluciona en este bloque hacia un tono rítmico, marcado por la utilización de batería y bajo, para proporcionarnos un tema agradable, equilibrado y de gran belleza.

    No será éste el único modelo de música que podemos encontrar en la banda sonora, puesto que el compositor romano hace uso de un amplio espectro sonoro, para crear temas eclécticos y con influencias musicales que van desde la música contemporánea hasta el pop, pasando por el rock o el jazz.

    La gabbia, segundo tema del disco, nos presenta una batería y un bajo que crean el soporte rítmico para que la cuerda aporte unas frases musicales cortantes y repetitivas. Son el contrapunto musical de una historia que describe la pasión enfermiza de la protagonista por ese hombre con el que tuvo una ya lejana relación amorosa.

    Para proporcionarle todavía más intensidad, la música se mueve por caminos sinuosos y sugerentes, dejando en muchos momentos en el espectador una sensación de desequilibrio que, de alguna manera, anticipa el desenlace trágico de la historia.

    También podemos escuchar temas más ligeros, en los que la melodía se apodera del oyente. Es el caso del que está dedicado a Laura, en el que la cuerda nos proporciona una melodía cálida y melancólica. De una belleza portentosa, es una de esas músicas que Morricone ha sabido crear como pocos y que permanecen en la memoria una vez concluida la película o la escucha del disco.

    Referencias claramente jazzísticas se pueden encontrar en bloques musicales, como Prigionero. Es el piano el que proporciona en este caso la base rítmica del tema, moviéndose a través de una serie de notas repetitivas sobre las que la trompeta con sordina crea una melodía inquietante. A ella se superpone una textura creada por la cuerda, sobre la que el bajo y la batería aportan notas sueltas que acaban por redondear un tema extraordinariamente sugerente.

    También queda espacio para música un tanto más sorprendente, como es el caso de Provocazione, un tema con un inicio bufo y aire circense, con claras connotaciones rotianas, que dejan paso a la cuerda con el piano como solista, para configurar una segunda parte cálida y de enorme belleza, dando forma a uno de los temas más atractivos de la banda sonora.

    El compositor utiliza con maestría la batería, el bajo, la trompeta, el piano y la cuerda, incluso en cortes complejos como Cadenze que describen el padecimiento de ese hombre atrapado por un amor destructivo. La Gabbia se convierte así en otra clara muestra del talento inagotable de Ennio Morricone, un compositor imprescindible.

    Juan Ángel Saiz - José Luis González


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